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Parkinson, endometriosis, dolor: la investigadora venezolana que conecta todas las piezas

Por Kalstein · Publicado el:

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Parkinson, endometriosis, dolor: la investigadora venezolana que conecta todas las piezas

En Texas, la Dra. Zulmary Manjarrez dirige simultáneamente cuatro proyectos de investigación sobre el dolor, el sistema inmunitario y las enfermedades neurodege

En Texas, la Dra. Zulmary Manjarrez dirige simultáneamente cuatro proyectos de investigación sobre el dolor, el sistema inmunitario y las enfermedades neurodegenerativas. Su trabajo abre una vía inédita: detectar la enfermedad de Parkinson hasta diez años antes de la aparición de los primeros síntomas motores.

Antes de convertirse en investigadora posdoctoral en la Universidad de Texas, Zulmary Manjarrez estudió Bioanálisis en la Universidad Central de Venezuela. Durante una estancia en el estado Amazonas, algo cambió en ella. Al convivir con comunidades aisladas, lejos de los laboratorios, comprendió qué era lo que realmente la motivaba: el vínculo con los pacientes.

De regreso en Caracas, se incorporó al Instituto de Medicina Tropical, donde trabajó junto a los pioneros venezolanos de la inmunoparasitología. Más tarde realizó un doctorado en Fisiología en la Pontificia Universidad Católica de Chile, dentro de una colaboración entre dos laboratorios que parecían opuestos: el de Margarita Calvo, especialista en dolor, y el de Rodrigo Pacheco, reconocido neuroinmunólogo. Fue precisamente de esa tensión creativa de donde surgió su descubrimiento más importante.

Cuando el dolor precede al temblor

La Organización Mundial de la Salud estima que para 2030 al menos 12 millones de personas en el mundo padecerán la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, el diagnóstico clínico sigue basándose en síntomas motores —temblores, rigidez y bradicinesia— que aparecen solo en etapas avanzadas de la enfermedad. La confirmación definitiva del diagnóstico todavía solo puede realizarse después de la muerte mediante el estudio del tejido cerebral.

«El diagnóstico solo puede confirmarse post mortem. Es literalmente medicina forense.»

Lo que sugieren las investigaciones de Zulmary Manjarrez podría cambiar radicalmente esta realidad. Al estudiar la interacción entre la microbiota intestinal y el sistema inmunitario en modelos murinos de la enfermedad de Parkinson, su equipo observó que los depósitos de alfa-sinucleína —la proteína característica del Parkinson— aparecen primero en la piel, mucho antes de acumularse en el cerebro.

Estos depósitos coinciden con la aparición de síntomas de dolor neuropático y van acompañados de una denervación progresiva de la epidermis: las fibras nerviosas finas que normalmente se encuentran en las capas superiores de la piel desaparecen gradualmente. Este fenómeno ya había sido documentado en pacientes con neuropatía de fibras pequeñas.

«No es nuevo saber que el dolor neuropático precede a los síntomas motores; eso ya se había reportado en pacientes. Lo novedoso para nosotros fue comprender cómo interactúan la microbiota y el sistema inmunitario en las etapas muy tempranas de la enfermedad.»

Una biopsia de piel para detectar la enfermedad diez años antes

La estrategia terapéutica que surge de este trabajo es tan simple como ambiciosa: utilizar biopsias cutáneas para detectar epítopos específicos de alfa-sinucleína como biomarcadores tempranos del Parkinson, potencialmente hasta diez años antes de la aparición de los primeros síntomas motores.

«Las biopsias de piel son muy sencillas de realizar. La recuperación es fácil y es una posibilidad real.»

Entre los hallazgos más destacados se encuentra la identificación de una forma nitrosilada de la alfa-sinucleína, un epítopo que hasta ahora no se había asociado con la enfermedad y que mejora considerablemente la especificidad de un posible diagnóstico temprano.

Endometriosis, anemia falciforme y Parkinson: cuatro proyectos en paralelo

Desde su llegada a Texas, al laboratorio de Caitlin Sadler y Theodore Price, Zulmary Manjarrez ha desarrollado varias líneas de investigación simultáneamente.

Su proyecto principal se centra en la endometriosis, una enfermedad que afecta a millones de mujeres y cuyos aspectos neurológicos siguen siendo poco comprendidos.

«Como mujer, me sorprendió muchísimo ver lo poco que sabemos sobre la endometriosis.»

Su investigación busca cartografiar las neuronas que inervan el endometrio desde la médula espinal, una cuestión fundamental para la que la literatura científica ofrece actualmente apenas dos o tres respuestas, todas derivadas de estudios en cadáveres.

Para ello utiliza tecnologías de vanguardia como la transcriptómica espacial y la microscopía de lámina de luz (light-sheet imaging), que permiten reconstrucciones tridimensionales completas de los órganos.

Paralelamente, trabaja en la anemia falciforme, una enfermedad genética en la que los glóbulos rojos deformados generan dolores intensos y generalizados. También ha retomado sus investigaciones sobre la epidermólisis bullosa, iniciadas durante su doctorado en Chile.

Un cuarto proyecto, desarrollado en colaboración con el laboratorio TED Prize, la lleva nuevamente al estudio del Parkinson, esta vez utilizando muestras de pacientes.

El secreto del equilibrio: yoga a las 5 de la mañana y una agenda milimétrica

Cuatro proyectos, plazos constantes y un artículo científico en proceso de redacción junto a una estudiante de Santiago: ¿cómo logra mantener el ritmo?

Zulmary Manjarrez sonríe. Desde la infancia ha funcionado con horarios estrictamente organizados. Se despierta cada mañana a las 5:00, practica yoga desde hace diez años, medita y luego comienza su jornada.

«Esta primera actividad del día me deja preparada para todo lo que venga después.»

Una disciplina que claramente da resultados. Desde Venezuela hasta Chile, pasando por Alemania y Texas, su trayectoria refleja la de una científica que nunca ha perdido de vista su punto de partida: comprender el dolor para mejorar la vida de quienes lo padecen.